lunes, 27 de agosto de 2007

Paroxismo poético.

A todos los que crean que tienen algun ápice de cultura, en algun momento de sus vidas les toca sentir la dulzura incomparable de la buena poesía. Luego, algunos intentan reproducir sus sentimientos por este medio, en medio(valga la redundancia) de una busqueda expresiva, un paroxismo de necesidad de catarsis por llamarle asi.
Es de este modo en que algunos terminan lográndolo, otros solo acaban por copiar (conciente o inconcientemente) lo que ya leyeron por otro lado y otros simplemente descubren que no es lo que necesitan, "no es lo suyo".
Ahora que está hecha la pequeña introducción, puedo confesar que yo fuí víctima de esta necesidad poética en dos epocas de mi vida: (mas allá de que la poesa es para mi una pasion irrefrenable cuando viene de la mano de monstruos como Alfonsina) la primera fue a la tierna edad de once años, cuando decidí tomar un boceto que guardaba (y del que no conservo copias) y enviarlo al certamen del que me habian hecho saber los que conocian mi pasatiempo literario, y de este feliz encuentro (el de mi poema, y el certamen) resulte yo, con un diploma y una medalla de primer premio, que me hacen sentir infinitamente orgullosa y algo dudosa sobre lo que quizás podría haber sido mi futro como poetisa.
La segunda vez fue hace tres años, (el 16-4-2004, exactamente) cuando escribí unas lineas sobre otra de mis obsesiones, el agua.
Si bien no tiene titulo, creo que no lo necesita.

Toda mi vida soñé con ser agua,
viajar sin huellas eternas,
como el eterno calor del amor.
Recorrer burbujeando sólo,
cuando agite el viento despierto.

Amaneceré calma en el suelo que me ata
amaneceré creyendo, que soy fuente de vida.
Amaneceré sólo si me lo pide el día.

Y si caigo y me deformo,
súbitamente volverá mi anatomía.
Y ya no habrán corazones
para romper en mi cuerpo.
No habrán dolores que me aquejen...
No habrá mas preocupación,
que la de ser libre...

No hay comentarios: